Robin Hood

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Una hora más tarde, Gilbert Head volvió a la casa llevando sobre su caballo a un hombre herido que había encontrado en el camino; bajó al extraño con infinitas precauciones del lugar en que venía y le llevó a la sala mientras llamaba a Margarita, ocupada en instalar a los viajeros las habitaciones del primer piso.

A la voz de Gilbert, Maggie acudió.

—Mira, mujer, ahí tienes un pobre hombre que necesita tus cuidados. Un gamberro le ha clavado la mano en el arco con una flecha en el momento en que apuntaba a un ciervo. Vamos, buena Maggie, apresurémonos; este hombre está muy debilitado por la pérdida de sangre. ¿Cómo te encuentras, compañero? —añadió el anciano dirigiéndose al herido—. Valor, te curarás. Anda, levanta un poco la cabeza y no estés tan abatido; ¡anímate, voto a bríos!, no se muere nadie porque le hayan atravesado la mano.

El herido, recogido sobre sí mismo y con la cabeza entre los hombros, bajaba la frente y parecía querer ocultar a sus anfitriones su rostro.

En aquel momento Robín entró en la casa y corrió hacia su padre para ayudarle a sostener al herido, pero apenas puso los ojos en él se alejó he hizo señas al anciano Gilbert indicándole que quería hablarle.


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