Robin Hood
Robin Hood —Gilbert —prosiguió Taillefer con voz cada vez más débil—, te he hecho mucho daño; pero voy a intentar repararlo.
—No pido reparación; sólo escucho lo que tienes que decirme.
—¿Asà pues no me reconoces, Gilbert?
—Te reconozco por lo que eres, ¡un asesino, un maldito traidor! —gritó Gilbert, que ya tenÃa el pie en el umbral de la puerta.
—Soy peor que todo eso, Gilbert; soy Ritson, Roland Ritson, el hermano de tu mujer.
—¡Ritson! ¡Ritson! ¡Virgen santa, madre de Dios! ¿es posible?
Y Gilbert cayó de rodillas junto al moribundo, que se debatÃa en las últimas angustias de la agonÃa.