Robin Hood
Robin Hood A esta tarde tormentosa sucedió una noche tranquila y silenciosa. El monje joven y Lincoln habÃan regresado de su expedición al bosque para enterrar el cadáver del bandido; Mariana y Margarita ya no oÃan el ruido de la batalla más que en sueños; Allan, RobÃn, Lincoln y los dos monjes reparaban sus fuerzas durmiendo profundamente; únicamente Gilbert Head velaba aún.
Cuando el sol inundó de luz la habitación, Ritson, como si despertara del sueño de la muerte, se estremeció, lanzó un gemido de arrepentimiento, y, agarrando la mano de Gilbert, la llevó a sus labios y balbuceó estas palabras:
—¿Me perdonas?
—Habla primero —respondió Gilbert con prisa por recibir alguna luz sobre la muerte de su hermana Anita y el nacimiento de RobÃn—; perdonaré después.
—Asà moriré más tranquilo.
Iba Ritson a empezar sus revelaciones cuando unas alegres voces se escucharon en la planta baja.
—Padre, ¿dormÃs? —preguntó RobÃn desde abajo de la escalera.
—Es tiempo de partir para Nottingham si queremos volver esta tarde —añadió Allan Clare.
—Si os place, señores —decÃa el hercúleo monje—, seré vuestro compañero de viaje, pues una buena obra me llama al castillo de Nottingham.
