Robin Hood
Robin Hood Robín iba a imitar al monje, pues no estaba interesado en escuchar los elogios ostentosos que hacía el caballero de su familia y sus antepasados; pero cesó en su indiferencia en cuanto se pronunció el nombre de Mariana, y, con el corazón puesto en las orejas, escuchó. Cada vez que Allan dejaba de hablar de la hermosa Mariana, Robín encontraba la forma de volver a dirigir la conversación sobre ella; tuvo sin embargo que permitir al caballero hablar de sus amores y que se extasiase largamente respecto a los encantos de la noble Christabel, la hija del barón de Nottingham. El caballero, que se había vuelto muy comunicativo bajo la influencia del vino francés, habló a continuación de su odio al barón.
—Cuando los favores de la corte llovían sobre mi familia —dijo—, el barón de Nottingham veía nuestro amor con buenos ojos, y me llamaba hijo; en cuanto la fortuna nos fue adversa me cerró su puerta y juró que Christabel nunca sería mi esposa; por mi parte, yo juré hacer cambiar su voluntad y casarme con su hija, y desde entonces he luchado sin descanso por lograr mi objetivo, y creo haberlo conseguido… Esta tarde, sí, esta tarde, me concederá la mano de Christabel o su fanfarronería será castigada. Por casualidad descubrí un secreto que, de ser revelado, sería la causa de su ruina y su muerte, y se lo voy a decir a la cara: barón de Nottingham, te propongo un cambio: mi silencio a cambio de tu hija.