Robin Hood
Robin Hood Allan habrÃa proseguido aún largo tiempo, y RobÃn, en cuyo espÃritu se establecÃan comparaciones entre Mariana y Christabel, no le habrÃa interrumpido, a no ser porque el sol descendÃa en el horizonte.
—En marcha —dijo Allan.
—En marcha, hermano Tuck —añadió RobÃn.
Pero el hermano Tuck dormÃa tumbado sobre un costado.
RobÃn dejó al caballero el cuidado de despertar al monje.
Oyó un ruido infernal producido por gritos, juramentos y risas; el caballero y el monje se batÃan, o mejor, el monje volteaba su terrible bastón sobre la cabeza de Allan y éste paraba los golpes con su lanza y se reÃa a mandÃbula batiente mientras que el benedictino vociferaba maldiciones.
—¡Hola! señores, ¿qué mosca os ha picado? —exclamó RobÃn.
—Si tu lanza pincha fuerte, mi bastón pega duro, arrogante caballero —decÃa el monje inflamado de cólera.