Robin Hood
Robin Hood —Para ayudarme a huir, ¿no es cierto, querida Maude? Gracias, gracias, sÃ, pronto seré libre; si Dios me protege, antes de una hora.
—¡Libre! ¿Pero cómo saldréis de aqu� Hay dos guardias en esta puerta.
—Quisiera que hubiese mil.
—¿Acaso sois brujo, hermoso forastero?
—No, pero he aprendido a trepar a los árboles como una ardilla y a saltar los fosos como una liebre.
El joven indicó con la mirada la claraboya, e, inclinándose al oÃdo de la muchacha, acercándose tanto que al contacto de sus labios Maude enrojeció, dijo:
—Los barrotes no son de hierro.
Maude comprendió, y una sonrisa de alegrÃa iluminó su rostro.
—Ahora debo saber dónde puedo encontrar al hermano Tuck —añadió RobÃn.
—En… el «office» —respondió Maude algo avergonzada—. Si milady necesita de su ayuda para liberar al señor Allan, se ha convenido que enviará a buscarle al «office».
—¿Qué camino debo seguir para llegar all�