Robin Hood
Robin Hood —Una vez fuera de aquà id hacia las murallas de la izquierda y seguidlas hasta que encontréis una puerta abierta. Esta puerta os conducirá a una escalera, la escalera a una galerÃa y la galerÃa a un corredor al cabo del cual está el «office». La puerta estará cerrada; si no oÃs ningún ruido dentro, entrad; si Tuck no está, es que milady le habrá llamado, escondeos en un armario y esperad mi llegada; nos ocuparemos de haceros salir del castillo.
—¡Mil gracias, mi preciosa Maude, nunca olvidaré vuestras bondades! —exclamó RobÃn alegremente.
Una hora más tarde, la luna en su cenit anunciaba a RobÃn que era hora de huir, y RobÃn, dominando los precipitados latidos de su corazón, improvisó una escalera con su banco y alcanzó sin esfuerzo los barrotes de la claraboya; uno de ellos, muy podrido, cedió a las pocas sacudidas dejándole sitio para pasar; se encaramó en el borde de la claraboya y miró con inquietud la distancia que le separaba del suelo; pareciéndole demasiado grande, pensó utilizar su cinturón atándole por un extremo al barrote más sólido.
Terminados estos preparativos, para los que no necesitó sino un minuto, se disponÃa a bajar cuando vio a pocos pasos de él a un soldado que le daba la espalda y que, apoyado en su pica, contemplaba las profundidades del valle.