Memorias de un burro
Memorias de un burro Un día vi acudir a los niños al prado en donde yo pacía, en las proximidades del castillo.
Luis y Santiago jugaban por allí y se divertían en saltar sobre mi lomo; se creían ágiles como acróbatas, cuando, a decir verdad, eran bastante patosos, sobre todo Santiaguito, más gordo y más bajito que su primo.
Luis agarrándose a mi cola, llegaba a trepar sobre mi lomo; pero el gordifloncillo corría, se caía, se sofocaba y sólo podía llegar se le ayudaba su primo, poco mayor que él.
Para facilitarles el juego, me acerqué a un altozano, y Luis y Santiago habían logrado montar, cuando oímos a toda la banda, que corría alegremente.
-Santiago, Luis –gritaban-; vamos a divertirnos; pasado mañana hay feria y veremos un burro sabio.
SANTIAGO.- ¿Qué es un burro sabio?
ISABEL.- Un burro que sabe hacer muchas habilidades.
SANTIAGO.- No hará tantas como Cadichón.
ENRIQUE.- ¡Cadichón! ¡Qué va! Es muy bueno y muy listo para ser un burro; pero no sabe lo que el burro sabio de una feria.
CAMILA.- Si se le enseñase, haría otro tanto.
PEDRO.- Primero, veamos lo que hace ese burro sabio, y ya veremos si sabe más que Cadichón.