Memorias de un burro
Memorias de un burro -A ver…- dijo la vocecita.
Y al punto vi en la puerta a un hermoso niño de seis a siete años. Iba vestido pobremente, pero muy limpio.
Me miró con curiosidad.
-¿Puedo acariciarlo, abuela?
-SÃ, pero con cuidado, no te vaya a morder.
El niño se me acercó y yo no me movÃ, para no asustarlo; al fin, volvà la cabeza hacia él y le lamà la mano.
JORGE –Abuela, ¡qué bueno es este burro! Me ha lamido la mano.
ABUELA.- Es raro que esté solo. Mira, Jorge, vete al pueblo y a la posada; allà preguntarás de quién es este asnillo. Quizá su amo lo anda buscando.
JORGE.- ¿Llevo el burro?
ABUELA.- No te seguirá. Dejemos que haga lo que quiera.
Jorge se fue corriendo y yo troté detrás.
Entonces me dijo:
-Ya que me sigues, me dejarás montarme…
Y saltando sobre mi lomo, gritó:
-¡Arre! ¡Arre!
Yo arranqué con un trotecillo, lo que encantó a Jorge.
-¡Soo! ¡Soo!- gritó al llegar a la posada.
Me paré al punto y el niño saltó; me quedé a la puerta, tan quieto como si estuviese atado.