Memorias de un burro
Memorias de un burro -¿Qué quieres, chico?- preguntó el amo.
-Vengo a saber, señor Duval, si ese burro es suyo o de algún parroquiano.
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El señor Duval me miró atentamente.
-No- contesto-; no es mío ni de nadie que yo conozca.
Jorge se volvió a montar en mí; eché a andar y él a preguntar de puerta en puerta de quién era yo.
Nadie me reconoció y volvimos a casa de su abuela, que seguía hilando a la puerta.
JORGE.-Abuela, el burro no es de nadie. ¿Qué haremos? No quiere dejarme…
ABUELA.-Pues entonces, Jorge, no lo vamos a dejar afuera. Llévalo a la cuadra del pobre Grisón, ponle heno y un cubo de agua. Mañana lo llevaremos al mercado; quizá esté allí su amo.
JORGE.- ¿Y si no aparece el amo, abuela?
ABUELA.-Pues lo guardaremos hasta que lo reclamen. No vamos a dejarlo perecer de frío o caer en manos de algún bribón que le pegue y lo maltrate.
Jorge medió de comer y de beber, me acarició y le oí decir al cerrar la puerta:
-¡Ojalá no tenga amo y se quede con nosotros!