Memorias de un burro
Memorias de un burro PEDRO.- No se sabe cómo, pero él ha advertido a todos con sus rebuznos. Papá, los tíos y los criados han salido y han visto a Cadichón yendo y viniendo con inquietud de la casa al jardín; le han seguido con faroles y los ha llevado hasta el huerto; allí han visto a los ladrones desmayados.
SANTIAGO.- ¿Y cómo han conocido que eran ladrones? ¿Es que los ladrones tienen caras y trajes extraordinarios, que no se parecen a los nuestros?
ISABEL.- ¡Ya lo creo! He visto una banda de ladrones y llevaban sombreros puntiagudos, unas capas color marrón y unas caras feroces, con unas barbas…
- ¿Dónde los has vistos? ¿Cuándo? –preguntaron todos los niños al mismo tiempo.
ISABEL.- Los he visto, el invierno pasado, en el teatro Franconi.
ENRIQUE.- ¡Ja, ja, ja! ¡Qué tonta eres! Yo creía que eran verdaderos ladrones los que habías visto en alguno de tus viajes, y me extrañaba que mi tío y mi tía no nos hubieran hablado nunca de ellos.
ISABEL.- (Picada.) Pues sí, señor; eran verdaderos bandidos, y los gendarmes se batieron contra ellos y los mataron o los cogieron presos. Y yo tuve mucho miedo, porque hubo algunos pobres gendarmes heridos.