Memorias de un burro
Memorias de un burro - ¡Es Cadichón! ¡Es Cadichón! –respondió Santiago-. Quiero que sepan lo bueno y lo listo que es Cadichón.
Y corriendo hacia ellos, les contó cómo había reparado su golosina. En lugar de reñir a los pequeños, alabaron a Santiago por su sinceridad y prodigaron también los mayores elogios a mi inteligencia.
Durante este tiempo Augusto había preparado la lumbre para Camila y las brasas para Isabel; Camila hacía su tortilla, Magdalena hervía su café, Enrique asaba sus costillitas, Pedro arreglaba la ensalada, Enrique daba vuelta a sus patatas asadas, Santiago preparaba las fresas en leche, Luis tenía ya un montón de tostadas, Enriqueta ponía azúcar molida en el azucarero, Juana colocaba las cerezas y Augusto, sudando y 82
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resoplando, corría para llevar agua fresca y vino, para adornar los manteles con entremeses, sardinas, aceitunas, rabanillos. Había olvidado la sal, y a lo mejor una cuchara; se daba cuenta de que faltaban los vasos; descubría que habían caído moscas en el vino o en los platos.
En fin, cuando todo estuvo listo y todos los platos estaban ya sobre el mantel, Camila se dio un golpe en la frente.