Memorias de un burro
Memorias de un burro Una risa general acogió estas burlas, que no me hicieron maldita la gracia. Ya vi que se trataba de unas carreras. Me puse a escuchar para enterarme bien.
-¿Dónde van a correr los burros? –preguntó una buena mujer.
JUANICO.- En el prado del molino, tía Tranchet.
TÍA TRANCHET.- ¿Cuántos burros hay aquí presentes?
JUANICO.- Hay dieciséis, sin contarla a usted, tía Tranchet.
Nuevas risas acogieron esta gracia.
TÍA TRANCHET.- (Riendo.) ¡Mira qué chistoso! ¿Y qué gana el primero que llega?
JUANICO.- Primero, el honor, y además, un reloj de plata.
TÍA TANCHET.- Me gustaría ser borriquita para ganar el reloj; nunca he tenido bastante para comprar uno.
JUANICO.- Si tuviera usted un burro, podría correr la suerte.
TÍA TRANCHET.- ¿Y de qué queréis que yo tenga burro? ¿Tengo yo para comprar uno ni para mantenerlo?
Esta buena mujer me agradaba por su aire bondadoso y alegre. Se me ocurrió hacerle ganar el reloj. Yo estaba habituado a correr; todos los días me daba largos trotes en el bosque, para entrar en calor; y tenía fama, en otros tiempos, de correr como un caballo.