Memorias de un burro
Memorias de un burro -A mà –dijo la tÃa Tranchet.
-Bueno. Apuntad a la tÃa Tranchet –dijo el alcalde-. ¿Todo está listo? –añadió-.
¡Una, dos, tres! ¡Al trote!
Los mozos que sujetaban a los asnos soltaron cada cual el suyo, dándoles un latigazo. Aunque a mà nadie me retenÃa, arranqué honradamente el último. Todos me llevaban, pues, alguna ventaja. Pero no habÃan corrido cien pasos, cuando ya los habÃa alcanzado.
Los mozos gritaban y hacÃan restallar sus látigos en el aire para excitar a sus borricos. Estos, furiosos de quedarse detrás de mÃ, pobre desconocido de facha lamentable, redoblaron sus esfuerzos para alcanzarme y adelantarme; dos veces fui casi cruzado por el burro de Juanico; vi que no debÃa descuidarme si no querÃa quedar vencido. De un vigoroso avance, volvà a pasar más allá de mi rival; en aquel momento, me agarraron por el rabo; el dolor casi me hizo caer, pero el honor de vencer me dio el valor de arrancarme
a su diente, dejando un cacho de mi cola.
El deseo de venganza me puso alas. Corrà con tal velocidad, que llegué a la meta, no sólo el primero, sino dejando lejos de mà a todos mis rivales. Estaba anhelante 22

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