Memorias de un burro
Memorias de un burro -He aquà la cuestión resuelta por el vencedor, a favor de la tÃa Tranchet –dijo el alcalde riendo, y añadió maliciosamente, mirando a Juanico y a Andrés-: Amiguitos, creo que el más burro de nosotros no es el de la tÃa Tranchet.
-¡Bravo! ¡Bravo, señor alcalde! –gritaban de todas partes.
Y todo el mundo se reÃa, menos Andrés y Juanico, que se fueron enseñándome el puño.
Y yo ¿estaba contento? No; mi orgullo se sublevaba; encontré que el alcalde habÃa sido insolente conmigo, creyendo injuriar a mis enemigos al calificarlos de burros. Eso era ingrato, era cobarde.
Yo habÃa tenido valor, moderación, paciencia, talento, ¡Y he aquà mi recompensa! Después de haberme insultado, me abandonaban. La misma tÃa Tranchet, en su alegrÃa de haber ganado el reloj, olvidaba a su bienhechor, no pensaba más en su promesa de regalarme con un buen pienso de avena, y se marchaba entre la muchedumbre sin darme la recompensa que yo tenÃa tan merecida.