Memorias de un burro
Memorias de un burro “Vamos gandul –me decĂan-, Âżquieres callarte? ¡Pues vaya una mĂşsica! Julio, hijo mĂo, acerca el burro, para que tu madre le ponga la carga… AhĂ va un cesto de huevos… ¡Otro! Los quesos, la mantequilla.. Ahora el cesto de las hortalizas… Marieta, hija, trae una silla, para que tu madre pueda montarse… ¡Muy bien! ¡Buen vieja!... Y
ahora, arread al burro… ¡Pin, pan! Con otras poquitas caricias de esta clase, veréis cómo trota…”
Y venga pegarme. Yo corrĂa, casi galopaba; pero la dueña no dejaba de pegarme.
Tanta injusticia y tanta crueldad me indignaron, y quise tirar ama y carga al suelo. No pude, pero di unas buenas sacudidas, que la enlodaron, y me pegĂł con tal furia, que apenas pude llegar hasta la villa. Llegamos, por fin. Me quitaron de mi pobre lomo desollado la carga. Mi dueña, despuĂ©s de haberme atado a un poste, se fue a almorzar, y a mĂ, que me morĂa de hambre y de sed, no fue para ofrecerme ni una hierba ni una gota de agua.
