Memorias de un burro
Memorias de un burro Hallé medio de acercarme a las hortalizas durante su ausencia, y me refresqué la lengua, llenando mi estómago con un cesto de lechugas y de coles. En mi vida las había comido tan ricas, y estaba terminando la última col cuando llegó mi ama. Dio un grito al ver el cesto vació, y no os repetiré todas las injurias con que me abrumó; era muy grosera, y cuando se enfurecía decía cosas tan feas que, burro y todo, me hacían enrojecer. Después empezó a pegarme tan bárbaramente, que yo perdí la paciencia y le solté tres coces: la primera le rompió la nariz y dos dientes; la segunda, el puño, y la tercera le alcanzó el estómago y la tiró al suelo. Veinte personas se precipitaron sobre mí y me insultaron y me apalearon. Llevaron a la dueña no sé adónde y me dejaron atado al poste, cerca del cual estaban extendidas las mercancías que y o había llevado.
Allí permanecí mucho tiempo; viendo que nadie se acordaba de mí, me zampé todo lo de un segundo cesto, lleno de excelentes verduras; corté con los dientes la cuerda que me retenía y me volví tan campante a la granja.
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Las personas que topaba en la carretera se sorprendían de verme solo.
-Lleva la cuerda rota- decía uno.
