Memorias de un burro
Memorias de un burro -Es el médico de los caballos. Ya lo decÃa yo. Este pobre burro estaba muy hambriento, y además sofocado de correr tanto en el concurso. HabÃa que darle poca avena, sólo hierba para refrescarse…
-¡Ay Dios mÃo! ¡Dios mÃo!... Mi pobre Cadichón va a morirse… ¡Y yo tendré la culpa! –dijo el pobre pequeño sollozando.
-No, no se va a morir por eso, pero habrá que sangrarlo.
-Le harán mucha pupa… -replicó Santiago sin dejar de llorar.
-No; vas a ver. Lo voy a sangrar yo, en lo que viene el veterinario.
-¡No quiero verlo! –exclamó Santiago escapándose-. Estoy seguro de que le harás daño…
Y salió corriendo.
Bouland cogió una lanceta, la apoyó en una vena de mi cuello, dio un pequeño martillazo y la sangre brotó al punto. Esto me alivió; ya no me ahogaba y pronto pude levantarme.
Me puse mejor, pero no del todo curado; tardé cerca de ocho dÃas en restablecerme.
Santiago y Juana me cuidaron con una bondad que nunca olvidaré. VenÃan varias veces al dÃa; me traÃan hojas de lechuga, coles, zanahorias, patatas asadas con sal…