Memorias de un burro
Memorias de un burro Un día, este buen Santiago quiso darme su almohada porque decía que yo tenía la cabeza demasiado baja durmiendo. Otra vez, Juana quiso ponerme el edredón de su cama para que yo no tuviese frío.
Yo estaba desolado de no poder testimoniarles mi agradecimiento, pero tenía la desgracia de comprenderlo todo y no poder decir nada.
Me restablecí por fin, y supe que se proyectaba una excursión de burros en el bosque, con los primos y las primas.