Memorias de un burro
Memorias de un burro Todos los niños estaban reunidos en el patio: habían llevado muchos asnos de los pueblos próximos. Reconocí a casi todos los de las carreras; el de Juanico me miraba con aire inquieto, mientras yo le dirigía miradas burlonas.
La abuelita de Santiago tenía en su casa a casi todos sus nietos: Camila, Magdalena, Isabel, Enriqueta, Juana, Pedro, Luis y Santiago. Las mamás iban a ir montadas con ellos, y los papás a pie con sendas varas, para arrear a los perezosos.
Antes de partir disputaron por quién tomaría el mejor burro; todos me preferían, hasta que decidieron echar suertes.
El afortunado fue Luisito, excelente pequeño. Y yo hubiera estado muy contento de mi suerte si no hubiera visto al pobre Santiaguito enjugarse una lágrima. Yo sentía pena, pero no podía consolarlo; por lo demás, convenía que aprendiese, como yo, la resignación y la paciencia.
Al montar en su burro, le dijo a su primo Luis:
-Yo estaré cerca de ti, Luis; no hagas galopar demasiado a Cadichón, para que yo no me queda atrás.
LUIS.- Pero ¡por qué has de quedarte atrás?
SANTIAGO.- Porque Cadichón galopa más que todos los demás burros.
LUIS.- ¡Cómo lo sabes?