Memorias de un burro
Memorias de un burro Iba a cogerme y me retiré dos pasos; me sigue y me alejo, hasta que lo conduje al rincón del muro tras del cual estaban mis amigos los gendarmes.
Antes que mi ladrón hubiera tenido tiempo de dar un grito, se arrojaron sobre él, lo amordazaron y lo tendieron en el suelo.
Yo volvía a la entrada a rebuznar, no dudando de que otro vendría a ver lo que le pasaba a su compañero. En efecto, pronto apareció una nueva cabeza, mirando con precaución; al tratar de alcanzarme en vano, este segundo ladrón hizo como el primero; yo ejecuté la misma maniobra y lo hice prender por los gendarmes antes de darse cuenta de nada.
Así continué hasta que hice prender a seis. Pero después, por más que rebuzné, nadie apareció. Los ladrones se habían escamado, no viendo volver a sus camaradas, y no osaban arriesgarse.
32
33
A todo esto había anochecido y no se veía gota. El oficial mandó a uno de sus hombres a buscar refuerzo, para atacar a los ladrones en los subterráneos. A mi me dejaron en libertad de conducirme a mi modo, después de haberme acariciado y cumplimentado por mi conducta.
-Si no fuera un burro –dijo un gendarme-, merecía una cruz.