Memorias de un burro
Memorias de un burro -¿No tiene una en el lomo? –dijo otro.
-Cállate –dijo un tercero-. ¿No sabes que esa cruz está marcada sobre los asnos en recuerdo de que uno de ellos tuvo el honor de lleva a Nuestro Señor Jesucristo?
-¡Silencio! –dijo el oficial en voz baja-. Cadichón endereza las orejas.
Yo oÃa, en efecto, un ruido extraordinario del lado del arco, algo como crujidos y gritos ahogados. Los gendarmes lo oÃan también, pero sin adivinar lo que podÃa ser.
Por fin, un humo espeso se escapó por las ventanas bajas del convento; después surgieron algunas llamaradas; poco después, todo ardÃa.
-Han incendiado los sótanos para escapar por las puertas –dijo el oficial-.
Vigilemos todas las salidas y si aparecen los ladrones, ¡fuego sobre ellos!
El oficial habÃa adivinado bien la faena de aquellos ladrones; habÃan comprendido que estaban descubiertos, que sus camadas habÃan sido presos, y esperaban que, a favor del incendio, podrÃan escaparse.