Memorias de un burro
Memorias de un burro TERESA.- Una niña que no tiene papá ni mamá ni quien la cuide. La abuelita de Camila consiente en tenerla aquí, pero ningún criado quiere tocarla.
LA MAMÁ.- ¿Por qué?
TERESA.-De tan sucísima como va. Si tú quieres, la haré bañar en mi lugar, yo misma la desnudaré y la jabonaré; le cortaré el pelo, que lleva todo revuelto y con unas pulgas blancas, pero que no saltan.
LA MAMÁ.- Pero…, mi pobre Teresa, ¿no te repugnará eso?
TERESA.- Un poco, mamá; pero pensaré que si yo estuviera en su lugar, me pondría muy contenta de que quisieran cuidarme, y esa idea me dará valor. Y después, cuando esté bañada, ¿me dejarás ponerle ropas viejas mías, hasta que le compre otras?
LA MAMÁ.-Sí, Teresita; pero ¿Con qué dinero le comprarás vestidos?
TERESA.- ¿Olvidas los veinte francos que tengo yo guardados?
LA MAMÁ.- ¿Los que te ha dado tu papá para que no los gastes? Son para comprarte un hermoso devocionario, como el de Camila.
TERESA.- puedo pasarme sin el libro de misa, mamá; aún sirve el viejo.
LA MAMÁ.- Haz lo que quieras, hija mía.
Y, besándola, fue a ver a aquella criatura a quien nadie quería tocar.