Memorias de un burro
Memorias de un burro La niña esperaba en la puerta; la mamá la miró, la hizo sentar sobre la hierba, pidió unas tijeras y le cortó el pelo, que cayó al suelo, e hizo que le recogieran con una pala para tirarlo a la basura; después, con agua caliente, la lavó y jabonó bien la cabeza.
Luego de enjugarla bien, le dijo a Teresa:
-Ahora, hija mía, ya puedes bañarla, mientras echamos sus andrajos al fuego.
Camila, Magdalena e Isabel acudieron a ayudar a Teresa: llevaron a la niña al cuarto de baño, y entre todas, a pesar de la repugnancia que les inspiraba, la desnudaron y la metieron en el baño y la jabonaron de pies a cabeza.
Después de friccionarla y secarla bien, le pusieron una camisa y un trajecito de Teresa; al ir a calzarla, se dieron cuenta de que tenía una llaga en el pie; era lo que la hacía cojear.
Camila corrió a pedir un ungüento a su abuela, y después, auxiliada por sus tres amigas, le vendó la llaga con el ungüento; estuvieron cerca de un cuarto de hora para 36
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