Memorias de un burro
Memorias de un burro EL PAPÁ.- (Riendo.) Pero ¿os creéis, pobres inocentes, que vais a matar algo?
ENRIQUE.- (Picado.) Claro que sí; llevo veinte cartuchos y cobraré por lo menos quince piezas.
EL PAPÁ.- ¡Ja, ja! ¡Esta sí que es buena! ¿Sabes lo que mataréis entre vosotros dos y vuestro amigo Augusto?
ENRIQUE.- ¿El qué, papá?
EL PAPÁ.- El tiempo, y nada más.
ENRIQUE.- (Ofendido.) Entonces, papá, no sé por qué nos has dado fusiles, ni por qué vamos a cazar, si nos crees tan torpes que no vamos a matar nada.
EL PAPÁ.-Pues para enseñaros a cazar. No se mata nunca nada las primeras veces; sólo a fuerza de ensayos se aprende a cazar.
La conversación fue interrumpida por la llegada de Augusto, que también iba dispuesto a matar todo lo que se le pusiese por delante.
PEDRO.- Papá cree que no cazaremos nada, Augusto; ya le haremos ver que somos más listos de lo que se figura.
AUGUSTO.- Pierde cuidado; mataremos más perdices que ellos.
ENRIQUE.- ¿Por qué mas que ellos?
AUGUSTO.- Porque somos jóvenes y listos, mientras nuestros papás son ya algo viejos.