Memorias de un burro

Memorias de un burro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Las perdices no tardaron en salir de todas partes; yo me quedé prudentemente detrás y un tanto lejos; hice bien, porque un perro rezagado recibió los perdigones.

Los tiros partían hacia el frente. Yo no perdía de vista a mis tres jóvenes fanfarrones; veía que tiraban a menudo, pero no cogían nada: ni liebre ni perdiz. Se impacientaban, tiraban al azar, demasiado lejos o demasiado cerca.

Los papas hacían, al contrario, buena faena: tantos tiros, tantas piezas en sus morrales.

Después de dos horas de caza, el papá de Pedro y de Enrique se les acerco.

-¿Qué, muchachos, habéis cargado mucho a Cadichón, o queda aún un hueco para vaciar yo mi morral, que está demasiado lleno?

Los chicos no contestaron. Yo me acerqué corriendo y giré uno de los cestos hacia el papá.

EL PAPÁ.- ¿Cómo? ¿Nada dentro? Vuestros morrales van a reventar si los llenáis demasiado.

Los morrales estaban aplastados y vacíos. El padre se echó a reír del aspecto consternado de los jóvenes cazadores, vació su morral en uno de mis cestos y se volvió hacia su perro, que estaba en espera.

AUGUSTO.- ¡Digo, si tu padre caza perdices! Como que tiene dos perros que se las llevan y nosotros no tenemos ninguno.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker