Memorias de un burro
Memorias de un burro ¡Cuál no fue mi pena al reconocer a Medor, mi amigo, mi mejor amigo! ¡Y cuál no fue mi espanto y mi duelo cuando vi al guarda levantar a Medor y ponerlo en uno de los cestos que yo llevaba! ¡He aquí lacaza que me veía obligado a llevar!
Al llegar a la granja, encontramos a los cazadores que, al no disponer de los perros, habían preferido descansar y esperar la vuelta de los chicos.
-¡Ya! –exclamaron al vernos.
EL PAPÁ DE PEDRO.- Creo, en verdad, que han cobrado una gran pieza.
Cadichón va muy cargado y uno de los cestos se inclina, como si llevar un gran peso.
La cara confusa de los niños llamó la atención a los señores.
EL PAPÁ DE AUGUSTO.- (Riendo.) ¡No tienen un aire muy triunfante!
El guarda se acercó.
42

43
EL PAPÁ.- ¿Qué hay, Michand? Parece que estás cabizbajo.
EL GUARDA.- Y con motivo, señor. Traemos una triste caza. Su perro Medor, el mejor de todos, a quien ha matado el señorito Augusto, tomándolo por una perdiz.