Memorias de un burro
Memorias de un burro EL PAPÁ.- ¡Medor!... ¡Torpe! Como vuelva a cazar aquí…
-Acércate, Augusto –le dijo su padre-. ¡He aquí adónde te ha conducido tu necia vanidad! Di adiós a tus amigos; vas a volver a casa ahora mismo y a guardar tu fusil para no volver a cogerlo, hasta que te hayas hecho razonable y modesto.
AUGUSTO.- (Con desenvoltura) Pero, papá, no sé por qué te enfadas así.
Sucede a menudo eso de matar a los perros en la caza.
EL PAPÁ.- ¡Es demasiado!... ¿Dónde has aprendido esas nociones de caza?
Queridos amigos, les ruego que me dispensen por haber traído un chico tan torpe como Augusto. No le creía de tanta estupidez. Y tú, ya has oído mis órdenes; vete.
AUGUSTO.- Pero, papá…
EL PADRE.- (Con voz severa.) ¡Silencio! Cállate, si no quieres probar el sabor de una correa.
Augusto bajó la cabeza y se retiró, todo confundido.