Memorias de un burro
Memorias de un burro Pero si me quedaba en el país me reconocerían, me atraparían y me devolverían a ellos. ¿Qué hacer? ¿Adónde ir?
Miré en trono mío; me hallaba aislado y desgraciado, e iba ya a llorar cuando noté que estaba a la entrada de un bosque magnífico; era la selva de Saint-Evroult.
“¡Qué dicha! –me dije-. Hallare ahí hierba tierna, agua, fresco musgo; me estaré varios días; después iré a otro bosque, más lejos, mucho más lejos de la granja de mis amos.”
Entré en el bosque; comí alegremente hierba tierna y bebí de una rica fuente.
Empezaba a anochecer, y , tendiéndome en el musgo al pie de un abeto, me dormí en paz hasta el día siguiente.