Memorias de un burro
Memorias de un burro Yo conocĂa a Medor hacĂa mucho tiempo. Era yo muy joven y Ă©l mĂĄs joven aĂșn cuando nos conocimos.
VivĂa yo miserablemente en casa de aquellos malvados granjeros que me habĂan comparado, y de los que librĂ© con tanta traza.
Estaba flaco, porque tenĂa hambre perpetua.
Medor, que les habĂa sido dado como perro guardiĂĄn, era menos desgraciado que yo; divertĂa a los niños, que le daban pan y otras cosas; ademĂĄs, me confesĂł que cuando podĂa colarse en la lecherĂa sin que lo vieran, atrapaba algunos sorbos de leche y algĂșn poco de mantequilla.
Medor era bueno; mi flacura le daba lĂĄstima; un dĂa me trajo un mendrugo y me lo presentĂł con aire de triunfo.
-Come, mi pobre amigo âme dijo en su lenguaje-; me sobra pan del que me dan, y tĂș no tienes, en cambio, mĂĄs que cardos y cuatro hierbajos.
-Mi buen Medor âle contestĂ©-; estoy cierto de que te privas de tu pan por mĂ. No sufro tanto como te figuras; estoy acostumbrado a comer poco, a dormir poco y a que me peguen mucho.
-Te aseguro âme dijo Medor âque no tengo hambre. DemuĂ©strame tu amistad aceptando mi regalito. Es poco, pero te lo ofrezco con buena voluntad, y si lo rehusas me darĂĄs un disgusto.