Memorias de un burro
Memorias de un burro -¡SÃ, sÃ; defenderme! Todos gritaban: “¡Duro con él! ¡Duro, para que escarmiente!â€
-¡Infames! –exclamé-. Pero, ¡por qué cogiste el pan, Medor? ¿No te habÃan dado tu sopa?
-SÃ, por cierto; pero el pan de mi sopa estaba tan desmigajado que no pude sacar nada para ti, y si yo hubiera podido atrapar aquel pedazo tan grande, hubieras tenido un buen regalo.
-¡Ah, pobre Medor! ¿De modo que te han pegado por mÃ?... Gracias, gracias; no olvidaré nunca tu amistad y tu bondad. Pero no vuelvas a hacerlo; te lo suplico. ¿Piensas que ese pan me habrÃa dado gusto al saber que sufrÃas por esa causa? Mejor quisiera cien veces vivir sólo de cardos y saber que estabas bien tratado y dichoso.
AsÃ, hice prometer a Medor que no darÃa nunca ocasión, por causa mÃa, de ser castigado; le prometÃ, a mi vez, hacer toda clase de picardÃas a las gentes de la granja, y cumplà mi palabra.
Un dÃa tiré a un foso lleno de agua a Julio y a su hermana, y eché a correr, dejándolos salir como pudieran.
Otro dÃa perseguà al pequeño de tres años, como si quisiera morderle: gritaba, y corrÃa con un temor que me regocijaba.