Cuestiones naturales
Cuestiones naturales Poco importa, pues, que sea una piedra la que me hiera o que una montaña entera me aplaste; que una casa se derrumbe sobre mí, o que perezca bajo sus últimos restos ahogado por el polvo, o que el mundo entero caiga sobre mi cabeza; que exhale el último suspiro al aire libre y a la luz del sol, o en la inmensa sima del suelo entreabierto; que caiga solo en sus abismos, o caiga en compañía de considerable número de pueblos. Poco importa morir con grande estrépito; siempre es morir. Así, pues, armémonos de paciencia contra una catástrofe que no puede evitarse ni preverse. No prestemos oídos a esos emigrados de la Campania, que después del desastre emigraron de ella, afirmando que nunca volverán. ¿Quién les asegurará que este o el otro suelo descansa sobre fundamentos más sólidos? Todos están sometidos a iguales probabilidades, y si los hay que todavía no se han movido, no por eso son absolutamente inmóviles. Tal vez ese que huellas con tanta seguridad, se hundirá esta noche o quizá antes de terminar el día. ¿Cómo sabes si no serán más favorables las condiciones de un terreno en el que el hado agotó ya sus fuerzas y espera el porvenir, fuerte ya con sus ruinas? Porque sería grande error creer una región cualquiera exenta y a cubierto de este peligro. Todas están sujetas a la misma ley. La naturaleza no ha criado nada inmutable. Tal suelo se hundirá hoy, tal otro mañana. Y así como entre los edificios de una gran ciudad se apuntala en tanto éste, en tanto aquél, así sucesivamente cada porción de la tierra se inclina para derrumbarse.