De la brevedad de la vida
De la brevedad de la vida En tres etapas se divide la vida: la que ha sido, la que es, la que va 2a ser. De ellas, la que estamos pasando es breve, la que vamos a pasar, incierta, la que hemos pasado, segura; ésta es, pues, en la que la suerte ha perdido sus derechos, la que no se puede sujetar de nuevo al capricho de nadie.[29] Ésta la pierden los atareados; pues no tienen tiempo de mirar el pasado, y si tienen, les es desagradable el recuerdo de cosas de las que se arrepienten. Así pues, mal de su grado hacen retroceder 3su espíritu hasta el tiempo perdido de mala manera, y no se atreven a recordar aquel cuyos defectos, incluso los que se infiltraban gracias al atractivo del placer momentáneo, al revisarlos se hacen patentes. Nadie sino quien todo lo ha hecho bajo su propio criterio, que nunca se 4equivoca, se remonta de buena gana al pasado; el que ha deseado ambiciosamente muchas cosas, el que las ha menospreciado orgullosamente, el que ha triunfado despóticamente, el que ha engañado pérfidamente, el que ha arramblado avariciosamente, el que ha derrochado pródigamente, es natural que tema sus recuerdos. Pues bien, ésta es la porción de nuestro tiempo inviolable y sagrada, que ha superado todos los infortunios humanos, que se ha sustraído al imperio de la suerte, a la que ni la escasez ni el miedo ni las molestias de las enfermedades alteran; ésta no puede verse turbada ni arrebatada: su posesión es perpetua y libre de temores. Tan sólo uno a uno se hacen presentes los días, y aún a trechos; por el contrario, todos los del tiempo pasado, cuando se lo ordenes, acudirán, consentirán ser examinados y retenidos 5a tu voluntad, cosa que los atareados no tienen tiempo de hacer. Propio de una mente tranquila y sosegada es desplazarse por todas las etapas de su vida: los espíritus de los atareados, como si estuvieran bajo un yugo, no pueden girarse y mirar atrás. Cae, por tanto, tu vida en un pozo sin fondo y, así como por más que eches cuanto quieras, no sirve de nada si no hay debajo algo que lo sostenga y conserve, igualmente no importa nada cuánto tiempo se concede, si no tiene donde sustentarse, se filtra a través de los espíritus resquebrajados y 6agujereados.[30] El presente es un tiempo cortísimo, hasta el punto de que realmente a algunos les parece inexistente; pues siempre está en marcha, fluye y se precipita; deja de existir antes de llegar y no admite más demora que el universo y los astros, cuyo movimiento siempre incesante nunca se mantiene en el mismo sitio. Sólo a los atareados, por tanto, concierne el tiempo presente, que es tan fugaz que no se puede coger, y también ése a ellos, al estar ocupados en muchos quehaceres, se les sustrae.