De la brevedad de la vida
De la brevedad de la vida 11¿Quieres saber, en fin, hasta qué punto no viven mucho? Mira hasta qué punto desean vivir mucho. Ya ancianos decrépitos, mendigan con sus ofrendas la prórroga de unos pocos años; fingen a su vez tener menos edad; se halagan con este embuste y se mienten tan a gusto como si al mismo tiempo engañaran a los hados. Mas cuando ya algún achaque les recuerda su condición mortal, ¡de qué modo mueren aterrorizados, no como si salieran de la vida, sino como si fueran sacados! A gritos proclaman que han sido unos estúpidos ellos, pues no han vivido, y que, en caso de librarse de esa indisposición, van a vivir en el ocio; entonces piensan cómo se han procurado inútilmente cosas de las que no disfrutaban, cómo todo su trabajo ha sido en vano. Por el contrario, a aquellos cuya vida se desarrolla lejos de toda ocupación, 2¿cómo no va a resultarles extensa? De ella nada se les merma, nada se disemina por aquí y por allá, nada de ahí se entrega a la suerte, nada se pierde por negligencia, nada se menoscaba por prodigalidad, nada es superfluo: toda ella, por así decir, está puesta a interés. Así pues, por poca que sea, es de sobra suficiente y por eso, en el momento en que llegue su día final, el sabio no vacilará en ir a la muerte con paso firme.