Azabache
Azabache Muy pronto llegó el tren a la estación. Dos o tres minutos después se cerraron las puertas, el guarda sopló su silbato, y el tren se alejó, no dejando a su paso sino nubes de blanco vapor y algunos corazones muy acongojados.
Cuando ya se habÃa perdido de vista, regresó John.
—Nunca volveremos a verla —dijo—; nunca.
Tomó las riendas, subió al pescante y nos condujo de vuelta a casa.
Pero ya no era nuestro hogar.
El dÃa siguiente, después del desayuno, Joe unció a Patas Alegres a la calesa baja del ama, para llevarlo a la vicaria. Antes fue a despedirse de nosotros, mientras Patas Alegres nos saludaba relinchando desde el patio. Luego John colocó a BravÃa la montura, y a mà la rienda de conducir, y nos condujo a campo traviesa hacia el Parque Earlshall, situado a unos quince kilómetros de distancia, y donde habitaba el conde de W… Allà vimos una casa muy hermosa y establos en abundancia.