Azabache
Azabache Una vez que pasamos al patio por un portal de piedra, John preguntó por el señor York. Éste, que tardó un poco en aparecer, era un hombre de edad mediana y buen aspecto, cuya voz indicaba que estaba acostumbrado a ser obedecido. Recibió a John con suma cordialidad, lo invitó a tomar un refrigerio, y después de echarnos una rápida ojeada, llamó a un caballerizo para que nos condujera a nuestros pesebres.
Nos llevaron a un establo bien iluminado y aireado, donde nos instalaron en pesebres contiguos; nos fregaron y alimentaron. Media hora más tarde, John y el señor York, que sería nuestro nuevo cochero, fueron a vernos.
Después de examinarnos minuciosamente, el segundo dijo:
—Bueno, señor Manly, no veo defecto alguno en estos caballos, pero todos sabemos que los caballos, tanto como los hombres, tienen sus peculiaridades, y que a veces requieren distintos tratamientos. Me gustaría saber si cualquiera de éstos tiene algo en especial que desee mencionar.