Azabache
Azabache —Pues no creo que haya en el paÃs mejor yunta que ésta, y me apena de veras separarme de ellos, pero no son iguales —admitió John—. El negro tiene el carácter más perfecto que haya conocido en mi vida; supongo que desde que nació no sabe lo que es una palabra dura ni un golpe, y parece complacerse en hacer lo que se le pide. En cuanto a la yegua, debe haber sido maltratada; algo nos dijo el tratante… Llegó a nosotros quisquillosa y desconfiada, pero cuando comprobó qué clase de casa era la nuestra, todo eso se le fue pasando. Hace tres años que no le veo la menor señal de mal carácter, y si aquà la tratan bien, no habrá animal mejor ni más dócil que ella; pero es naturalmente de constitución más irritable que el caballo negro…
—Por supuesto, entiendo muy bien —admitió York— pero usted sabe que en establos como éste no es fácil contar siempre con caballerizos adecuados. Hago lo posible y de allà no puedo pasar. Pero tendré en cuenta lo que me ha dicho sobre la yegua.
SalÃan del establo cuando John se detuvo para agregar:
—Será mejor que mencione que nunca les hemos puesto rienda tensa a ninguno de los dos; el caballo negro no la conoce, y en cuanto a la otra, el tratante dijo que fue el bocado-mordaza lo que le estropeó el carácter.