Azabache

Azabache

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Por la tarde nos enjaezaron y uncieron al carruaje, y cuando el reloj daba las tres, nos condujeron al frente de la casa. Todo era muy imponente, y la casa tres o cuatro veces más grande que la antigua de Birtwick, pero no tan agradable ni mucho menos, si un caballo puede opinar. Dos lacayos de librea opaca, con pantalones de montar escarlata y medias blancas, aguardaban ya preparados.

Poco después oímos un rumor de sedas, anuncio de que la señora bajaba la escalera y daba vueltas a nuestro alrededor para observarnos. Era una mujer alta, de aspecto arrogante, que parecía insatisfecha por algo, pero nada dijo y subió al carruaje. Era la primera vez que me ponían rienda tensa, y debo decir que, aunque en verdad me fastidiaba no poder bajar de vez en cuando la cabeza, no me la tenía más alta que de costumbre. Me sentí ansioso por Bravía, pero ésta parecía tranquila y satisfecha.

Al día siguiente, a las tres, estábamos de nuevo frente a la puerta, y los lacayos allí, como antes. Oímos crujir las sedas cuando la señora bajó las escaleras, y su voz imperiosa al decir:

—York, tienes que levantar más la cabeza de estos caballos, son imposibles de ver.

York descendió y dijo con mucho respeto:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker