Azabache
Azabache A no mucha distancia, dos hombres que cortaban el pasto habÃan interrumpido su tarea para detener a Lizzie, que corrÃa sin jinete. El llamado de Blantyre los atrajo enseguida. El que llegó primero se mostró muy apenado al ver lo sucedido, y preguntó que podÃa hacer.
—¿Sabe montar?
—Bueno, señor, no soy muy buen jinete, pero arriesgaré el cuello por Lady Anne, que tan bien se portó con mi esposa en invierno.
—Pues monte este caballo, amigo; su cuello estará bien seguro. Vaya en busca del médico, y pÃdale que venga al instante; luego dirÃjase a la casa de Lady Anne, cuénteles lo que pasa y pÃdales que envÃen el carruaje, con la doncella de Lady Anne y otros auxilios, yo esperaré aquÃ.
—Muy bien, señor, haré cuanto pueda, y ruego a Dios que la querida señorita abra pronto los ojos —repuso el jornalero, que al ver a su compañero pidió—. ¡Oye, Joe, trae un poco de agua, y dile a mi mujer que venga enseguida junto a Lady Anne!