Azabache
Azabache —¿Ah, no? —repuso el granjero, un tanto despectivo—. Sin embargo, asà es; los mejores lo hacen, sin poder evitarlo a veces, en caminos como éste. Y quien no quiera dejar rengo a su caballo, tiene que avisparse y sacárselas enseguida. Tiene la pata muy magullada —agregó, mientras me la soltaba con suavidad y me palmeaba—. Si me permite un consejo, señor, será mejor que lo conduzca con suavidad; está bastante lastimado, y la renguera no se le pasará enseguida.
Dicho esto montó su jaca y, quitándose el sombrero ante la señora reanudó su camino.
En cuanto se hubo marchado, mi conductor se puso a agitar las riendas y dar latigazos sobre el arnés, con lo cual entendà que debÃa seguir camino, cosa que hice, por supuesto, contento de no tener ya la piedra, aunque aún bastante dolorido.
Éste era el tipo de experiencia que solÃamos tener los caballos de alquiler.
Existe, además, un modo de conducir que llamo de locomotora se trata de conductores generalmente llegados de las ciudades, que nunca han tenido caballo.