Azabache
Azabache Otra cosa: casi nunca colocan la rastra, por empinada que sea la cuesta, y es asà como a veces ocurren accidentes graves. Y si la colocan, suelen olvidarse de quitarla al pie de la cuesta. Más de una vez he tenido que seguir hasta la mitad de la cuesta siguiente con una de las ruedas atascada, antes que al conductor se le ocurriera recordarlo. Esto requiere al caballo un esfuerzo terrible.
También esos hombres de la ciudad, en vez de comenzar a paso lento, como lo harÃa un caballero, suelen arrancar a toda velocidad desde el mismo patio del establo; y cuando quieren parar, primero nos azotan y después sofrenan tan bruscamente que casi nos derriban lastimándonos la boca con el freno. ¡A eso le llaman sofrenar airosamente! Y cuando dan vuelta a una esquina, lo hacen con tal brusquedad como si la calle no tuviera derecha ni izquierda.