Azabache
Azabache Al cabo de un tiempo, me pareció que la avena comenzaba a escasear demasiado. TenÃa habas, pero el afrecho venÃa mezclado con ellas y un poco de avena. Sin duda no recibÃa más de una cuarta parte de la avena que tendrÃa que haber recibido. En dos o tres semanas, esto comenzó a incidir en mi vigor y mi ánimo. El pasto con que me alimentaba, aunque sabroso, no bastaba para mantenerme en condiciones. Sin embargo, no podÃa quejarme para hacer conocer mis necesidades. Asà transcurrieron casi dos meses; y me extrañaba que mi amo no advirtiera que algo andaba mal.
Sin embargo, una tarde fue al campo conmigo, para visitar a un amigo suyo, un terrateniente que vivÃa junto al camino a Wells. Éste, que tenÃa buen ojo para caballos, una vez que dio la bienvenida a su amigo, me miró y dijo:
—Barry, me parece que tu caballo no tiene tan buen aspecto como al principio; ¿está bien de salud?
—Supongo que sà —repuso mi amo— aunque no es tan vivaz como antes, ni mucho menos. Según mi caballerizo, los caballos siempre están apagados y débiles en otoño, y es cosa previsible.
—¿En otoño? ¡Disparates! —exclamó el estanciero—. Si recién estamos en agosto… y además, con trabajo liviano y buena comida no tendrÃa que decaer asÃ, aunque fuera otoño. ¿Cómo lo alimentas?