Azabache
Azabache UN LADRÓN
Mi nuevo amo era un hombre soltero, que vivía en Bath y se ocupaba de negocios. Su médico le aconsejó ejercitarse a caballo, y para este fin me compró. Alquiló también un establo a corta distancia de su morada, y empleó como mozo de cuadra a un tal Filcher. Mi amo sabía muy poco de caballos, pero me trataba bien, y yo habría tenido un buen hogar, muy cómodo, de no haber sido por circunstancias que él desconocía. Ordenó que se me proporcionara el mejor heno, con mucha avena, habas pisadas y afrecho, así como centeno o cebada, según consideraba necesario aquel hombre. Oyendo que el amo daba esas órdenes, comprendí que la buena comida abundaría, y me creí afortunado.
Durante unos días, todo anduvo bien, pues según comprobé, el caballerizo conocía su oficio. Mantenía el establo limpio y ventilado, me aseaba minuciosamente y nunca me trataba sino con suavidad. Había sido caballerizo de uno de los grandes hoteles de Bath, y después de abandonar ese puesto, cultivaba frutas y vegetales para el mercado, mientras que su esposa criaba y engordaba aves de corral y conejos para venderlos.
