Azabache
Azabache No tardamos en virar por una calle lateral, a medio camino de la cual doblamos de nuevo por otra muy angosta, con caballos de bastante mal aspecto de un lado, y del otro, lo que parecÃan ser cocheras y establos.
Mi propietario sofrenó frente a una de esas casas y lanzó un silbido. Se abrió entonces la puerta, y salió corriendo una mujer joven, seguida por un niño y una niñita. Al desmontar mi jinete, todos lo recibieron ruidosamente.
—Bueno, Harry, hijo mÃo, abre el portón, mientras tu madre trae la lámpara.
Un minuto después todos me rodeaban en el patiecito de un establo.
—¿Es manso, papá?
—SÃ, Dolly, tanto como tu gatito; ven a acariciarlo.
Al pronto aquella manecita me acariciaba el hombro por todas partes. ¡Qué linda sensación!
—Le traeré afrecho molido mientras tú lo friegas —propuso la madre.
—Hazlo, Polly; es precisamente lo que le hace falta, y yo sé que me tienes una hermosa comida…
—Salchichas y pastel de manzana —gritó el niño, lo cual provocó la risa de todos.
Me condujeron a un pesebre cómodo, que olÃa a limpio, con paja seca en abundancia; tras una opÃpara cena, me tendÃ, pensando que allà serÃa feliz.