Azabache
Azabache Mi nuevo amo se llamaba Jeremiah Barker, pero como todos lo llamaban Jerry, yo haré lo mismo. Su esposa Polly era la mejor pareja que un hombre pudiera desear: una mujercita regordeta, pulcra, ordenada, de cabello suave y negro, ojos oscuros y boca pequeña y alegre. El niño, que tenía casi doce años, era alto, sincero y de buen carácter; la pequeña Dorothy y a quien llamaban Dolly, era igual a su madre a los ocho años. Todos se tenían un cariño maravilloso; nunca, antes ni después, conocí una familia tan feliz y alegre.
Jerry era dueño de un coche de plan y dos caballos, que él mismo conducía y cuidaba. Su otro caballo era un animal blanco, alto, de huesos bastante grandes, llamado Capitán. Ya estaba viejo, pero cuando joven debía haber sido espléndido: aún conservaba esa manera orgullosa de alzar la cabeza y arquear el pescuezo.
Me contó que en su temprana juventud había tomado parte en la guerra de Crimea, ya que pertenecía a un oficial de caballería, y que solía encabezar el regimiento; a esto volveré a referirme luego.