Azabache
Azabache El día siguiente, cuando estuve bien aseado, Polly y Dolly fueron al establo para verme y trabar amistad. Harry, que ayudaba a su padre desde temprano en la mañana, había declarado su opinión de que yo resultaría ser «una verdadera maravilla». Polly me ofreció una tajada de manzana, y Dolly un trozo de pan, con tantos agasajos como si yo hubiera sido el Azabache de antes. Verme de nuevo mimado y escuchar otra vez voces suaves fue un verdadero festín; les hice ver como pude que deseaba ser su amigo. Polly me consideró muy bello y demasiado bueno para un coche de plaza, de no haber sido por las rodillas quebradas. Jerry comentó:
—Por supuesto, nadie puede decirnos de quién fue la culpa, y por mi parte, le otorgaré el beneficio de la duda, pues jamás he montado caballo de pisada más firme y precisa. Lo llamaremos «Jack», como al viejo, ¿eh, Polly?
—Sí, pues me gusta conservar un buen nombre —replicó ella.
Capitán salió toda la mañana con la berlina. Después de clase, Harry fue a alimentarme y darme agua. Por la tarde me uncieron a la berlina. Jerry se preocupó tanto por comprobar que el collar y la brida me quedaban cómodos, como si hubiera sido el mismo John Manly. No me puso rienda tensa ni barbada; nada más que un simple bridón de anillo. ¡Qué bendición fue eso!