Azabache
Azabache Una vez recorrida la calle lateral, llegamos a la amplia parada para coches de plaza, donde Jerry habÃa saludado la noche anterior. A un lado de esta ancha calle se elevaban casas altas, con bellas fachadas de tiendas; del otro, una vieja iglesia con un camposanto, rodeados por verjas de hierro. Junto a dichas verjas se alineaba una cantidad de coches de plaza, a la espera de pasajeros. En el suelo se veÃan esparcidos trozos de paja. Algunos hombres conversaban; otros, sentados en sus pescantes, leÃan diarios; uno o dos alimentaban sus caballos con paja y agua. Nosotros nos unimos a la fila, detrás del último coche. Dos o tres hombres se acercaron para observarme y comentar.
—Muy bueno para un funeral —declaró uno.
—Tiene demasiado buen aspecto —agregó otro, meneando la cabeza con aire sabihondo— uno de estos dÃas descubrirás que tiene algún defecto, o no me llamo Jones.
—Bueno, mientras no lo descubra, no tengo por qué inquietarme, ¿verdad? —repuso Jerry sin alterarse—. Siendo asÃ, conservaré el buen ánimo un poco más.