Azabache
Azabache —¿Puede llevarme al Ferrocarril del Sudeste? —rogó el joven—. Me temo que esta desgraciada caÃda me haya retrasado, pero es de importancia primordial que no pierda el tren de las doce. Si logra conducirme allá a tiempo, se lo agradeceré muchÃsimo, y con gusto le pagaré tarifa extra.
—Haré cuanto pueda, si usted se siente bien, señor —declaró Jerry, pues el desconocido estaba muy pálido y parecÃa enfermo.
—Tengo que ir —insistió éste—. Por favor, abra la portezuela, y no perdamos tiempo.
En un segundo Jerry subió al pescante, y agitó las riendas mientras me decÃa:
—¡Vamos mi buen Jack! Ahora les mostraremos cómo sabemos correr, con tal de que haya un motivo. Siempre resulta difÃcil conducir rápido por la ciudad en pleno dÃa, cuando es más denso el tránsito de vehÃculos por las calles. Sin embargo, hicimos cuanto pudimos, y es maravilloso lo que son capaces de hacer un buen conductor y un buen caballo cuando se entienden y llevan el mismo propósito.