Azabache

Azabache

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Yo tenía muy buena boca; vale decir, que podía ser conducido mediante levísimos toques de rienda, lo cual es una gran cosa en Londres, entre carruajes, ómnibus, carretas, coches de plaza y carretones que circulan a paso de hombre, unos para un lado, otros para otro, unos lentamente, otros procurando pasarlos; ómnibus que se detienen de pronto cada pocos minutos para permitir el ascenso de un pasajero, obligando al caballo que va detrás a detenerse también, o a adelantárseles; a veces intenta uno pasar, pero en ese preciso momento alguna otra cosa se precipita por la estrecha abertura, y hay que seguir detrás del ómnibus. Al rato cree uno ver una oportunidad, y se las arregla para avanzar, pasando tan cerca de las ruedas de cada lado, que al desviarse un centímetro más las rozaría. Bueno, así sigue uno un rato, pero no tarda en hallarse en una larga fila de carretas y carruajes, todos obligados a andar al paso.

Jerry y yo estábamos acostumbrados al tránsito más denso, y nadie nos superaba en cuanto a pasar cuando estábamos decididos a hacerlo. Yo era rápido y audaz, y podía confiar siempre en mi conductor; Jerry era tan veloz como paciente, y podía confiar en su caballo, lo cual es también una gran cosa. Pocas veces empleaba el látigo; con la voz y con chasquiditos de lengua me indicaba cuándo debía apresurar el paso, y con la rienda cuándo debía reanudar la marcha, de modo que no hacían falta latigazos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker