Azabache
Azabache —Es muy probable —admitió mi amo— pero no creo ser menos feliz por eso. He leÃdo muchas veces los diez mandamientos y jamás vi ninguno que dijera: «Serás rico». Además, en el Nuevo Testamento se dicen muchas cosas curiosas sobre los ricos que, francamente, me incomodarÃan si fuera uno de ellos.
Mirándonos por sobre el hombro, desde lo alto de su coche, el Patrón Grant intervino:
—Si alguna vez te haces rico, Jerry, será porque lo mereces, y no recibirás ninguna maldición junto con tu fortuna. En cuanto a ti, Larry, morirás pobre, porque gastas demasiado en látigos.
—Y bien ¿qué puedo hacer si mi caballo no marcha? —protestó Larry.
—Jamás te tomas la molestia de comprobar si marcha o no sin él; siempre agitas el látigo como si tuvieras el baile de San Vito en el brazo, y si eso no te agota, agota a tu caballo. Tú sabes que siempre estás cambiando de caballos, y ¿por qué? Porque nunca les das descanso ni aliento.
—Es que nunca tuve suerte, no más —insistió Larry.
—Ni la tendrás —agregó el Patrón—. La suerte es muy exigente en cuanto a compañÃa, y suele preferir a quienes tienen sentido común y buen corazón. Ésa, por lo menos, es mi experiencia.